Esta es la ficha que hay que llenar para presentar ante el BID.
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Cuentan que un andinista, desesperado por conquistar una altísima montaña, inicio su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria solo para el, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y mas tarde, y no se preparo para acampar, sino que decidió seguir subiendo, y oscureció.
La noche cayo con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo unos pocos metros de la cima, se resbaló y se desplomó por el aire, cayendo a velocidad vertiginosa. el andinista solo podía ver veloces manchas oscuras y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo...y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y no gratos de su vida.
Pensaba en la cercanía de la muerte, sin embargo, de repente sintió el fortísimo tirón de la larga soga que lo amarraba por la cintura a las estacas clavadas de la roca de la montaña.
En ese momento de quietud, suspendido en el aire, no le quedó más que gritar:
-¡AYUDAME, DIOS MIO!...
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
-¿qué quieres que haga?
-¡Sálvame, Dios mío!
-¿realmente crees que yo te puedo salvar?
-¡por supuesto, señor!
-entonces, corta la cuerda que te sostiene.
Hubo un momento de silencio; el hombre se aferró más aún en la cuerda.
Cuenta el equipo de rescate que, al otro día, encontraron a un andinista colgado muerto, congelado, agarrada su mano fuertemente a la cuerda.... A TAN SOLO DOS METROS DEL SUELO...
¿Y tú, qué tan aferrado estas a tu cuerda? ¿Te soltarías?
Dice el refrán: “el que no arriesga, no gana”... y la mayoría de las veces nos aferramos tanto a las cosas que actuamos en contra nuestro.
Desde hacia mas de una década José se dedicaba a vender miel pura y quesos caseros, justo en la intersección de dos rutas en la entrada a una importantísima ciudad turística.
Todos los días, ni bien apuntaba el alba, se instalaba en su puesto ambulante el hombre venia de esas generaciones en que todos se hacia en base al trabajo y el sacrificio. Los años de su juventud trabajando en una fábrica siderúrgica le habían agonizado la sordera, por lo tanto casi nunca escuchaba la radio. Los años acuesta habían debilitado su vista, por lo que casi ni leía. No tenía televisor, y por lo tanto no tenía acceso a los programas televisivos. Eso si, preparaba excelente miel pura y quesos.
Su pequeña empresa iba creciendo y por lo que arrendó un terreno hizo colocar letreros y carteles por toda la zona promocionando sus productos. Cada día vendía más. Un día decidió convocar a su hijo que vivía en la ciudad para que trabajase junto a el. Pensó que como era un profesional que vivía y trabajaba dentro de la “realidad” de la sociedad, podría llevar adelante su emprendimiento.
Ni bien el hijo se puso en contacto con el padre le dijo: “¡pero padre! Pareciera que no estas enterado de nada. Estamos viviendo una de las peores crisis por las que haya pasado este país en su historia ni cuando vos eras joven estuvimos tan mal, esta situación no podría ser peor”.
El padre, un hombre del interior pensó que su hijo, un hombre culto y experimentado, con relaciones en grandes negocios no podría estar equivocado.
Así que empezó a rever su situación, compro menos insumos, comenzó a fabricar en menos escala y dejo de promocionar sus productos. En un muy poco tiempo sus ventas cayeron, demostró su lienda y devolvió el terreno.
Llamo a su hijo y le dijo:”hijo, tenias mucha razón estamos atravesando una gran crisis, esto no da para mas...”
Inaguramos la sección cuentos y cuentitos, esperando que estos textos permitan generar algunas reflexiones.
Asi que, esperamos comentarios, y que sirvan de algo.